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NOTICIA

Martes 26 de Agosto, 2008
¡No quiero esa despedida!

Por Fernando A. De León CDP-New York

Si un día de estos me llama la parca, luego de haber vivido con el pendular o la desafortunada existencia que apabulló a los colegas Nelson Rossi y Tomás Polanco y otros tantos, quisiera partir sin elegías, panegíricos, exornos u otro cualquier discurso de retóricas hiperbolizantes que profanen, lo que fueron en vida, mis verdaderos sentimientos e ideales.
 

 
Si mi partida fuera así, de seguro mi cadáver rígido e inerte, sería capaz de estremecerse y astillar el ataúd, si fuera en preciosa madera, perturbando a los dolientes, antes de viajar, como dicen los metafísicos, al más allá, en una figura descriptiva que, según se da a entender, otros difuntos ya lo han conocido y han dado testimonios de su existencia.



Si falleciera sin haber recibido los estímulos propios de un periodismo presuntamente institucionalizado y colegiado, prefiero las enumeraciones prosopopéyicas de mis colegas y gente común, y no las cronologías de una existencia en la que, ya ido, vanamente y un tanto cínicamente, consciente o inconscientemente, se apela a resaltar(a la hora de mi muerte), mi supuesta heroíca vida, mi amor a la libertad y la democracia, y que sorprendentemente para algunos, deja un vacío en mi sociedad, entre mis compañeros y en mis espacios de mi aturdida profesión.



Si como es natural, he de partir, quisiera que mi velatorio se convierta en un festín de gente humilde, aunque estén presentes mis colegas, en que la plebe disfrute de los tradicional en estas ceremonias de la población localizada en los cordones de miseria de mi atribulado país. Que se oigan los cadenciosos acordes de un Son, y no sólo eso, si es posible que se baile, y lo que es más, que mis amigos que improvisan este ritmo a pura percusión en las esquinas de Mahattan o en cualquer otro punto de mi Santo Domingo y el querido Borojol, llenen el ambiente con tan delirante y exultante ritmo.



Si me tocara partir en estos tiempos de desórdenes e injusticias sociales, aún habiendo pasado una importante etapa de mi vida entre las paredes de una iglesia católica, no resistiría partir con las letanías de rezos ni novenas, de una hipócrita sociead que se refugia en lo vano y supersticioso, y aunque siempre se invoque a un presunto Dios, omnisciente y omnipotente que todo lo puede, como toda una deidad, no crea las condiciones necesarias para que las criaturas, presuntamentes creadas por él, sean nobles y justas reciban lo que merecen en vida, según su capacidad y sus necesidades.



Si aunque como otros, estamos muertos en vida,-esto sin ser derrotista ni sumamente pesimista-si, definitivamente, me alejara de la existencia mundanal, quisiera, independientemente de la despedida de colegas y amigos, que al pie de mi féretro se congregaran los ateístas, existencialistas, iconoclastas y en fin, los tercos y tozudos en sus ideales y los que nunca claudicaron y se mantuvieron coherentes en sus posiciones ideológicas y partidarias, no importa en este caso, que hayan sido de derechas o izquierdas, lo importante sería sus consecuentes verticalidades.



Si falleciera hoy, de seguro, vuelo y lo repito, no quisiera partir con las parafernalias que algunos colegas, quizás con las mejores intenciones, consciente o inconscientemente, o por actitudes desatinadas, improvisaron ante la partida de Nelson Rossi y Tomás Polanco ¡Paz a sus restos.