No se trata de idiomas

Por Fernando A. De León

Una de las escasas veces en que el dominicano acudió a las urnas electorales con conciencia ciudadana y revolucionaria, fue en  1978. En esa ocasión, el pueblo dominicano no desperdició su voto; había que salir del régimen de fuerza del doctor Joaquín Balaguer.

 

El ganador de ese torneo electoral lo fue Antonio Guzmán, cuyo gobierno, según la mayoría de dominicanos de esa época, si no el mejor, fue uno de los mejores de toda nuestra historia republicana.  Don Antonio, como se le llamaba, era un campesino que apenas mascullaba el idioma que hablamos los dominicanos.

 

Con estos datos queremos desarticular las intenciones del presidente del Partido Demócrata Independiente (PDI), Ismael Reyes, de querer catapultar la candidatura presidencial a su pupilo Luis Ramfis Domínguez Trujillo basándose en que es “inteligente, porque habla cinco idiomas”. Es decir, como si todos fuéramos estúpidos, Reyes condiciona a nuestros tres tercios de isla en una suerte de multilenguas, para que cualquier improvisado arribe a la presidencia de la república.  

 

Si de idiomas se trata, aparte de su vasto aval académico, el doctor José Francisco Peña Gómez que cuasi siendo un recién nacido fue víctima del antihaitianismo de su dictador abuelo en 1937, era un políglota que dominaba más de cinco lenguas, y aún así no lo logró el poder presidencial.

 

Y, como si hubiese sido su signo, en sus últimas décadas de existencia física, Peña Gómez fue víctima otra vez de ésa estigma. Esta vez, para impedir su ascenso al poder. Estos detalles de nuestra política vernácula establecen que para el nieto de Trujillo alcanzar la presidencia, no basta con el dominio de “cuchumil” idiomas.

El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.