En la picota

Por Fernando A. De León

Seguimos en la picota, y nuestras falencias como profesionales del periodismo se acentúan aún más cuando el comunicador Eury Cabral, en defensa de su colega Julio Martínez Pozo, dice que éste y él fueron “soportes” de la campaña proselitista que llevó a Danilo Medina a la presidencia de la república.

 

Cabral, con lágrimas en los ojos, luego de que se revelara que la Procuraduría General de la República investiga a los periodistas Martínez Pozo y Danny Alcántara en cuanto a los casos de sobornos de Odebrecht, exaltó las que entiende virtudes de su “colega y hermano” Martínez Pozo. Habló de su profesionalismo, entrega al oficio, y lealtad. Pero no aseguró que Martínez Pozo era un individuo que, como profesional, había exhibido una conducta transparente.

 

Tal vez en lo emocional de su respaldo, inconscientemente, obvió ese último señalamiento. Pero lo que nos llama la atención en este escenario, fue la forma un tanto desenfadada y sin discreción alguna en que Eury, restándole credibilidad a las normas deontológicas del periodismo, admitió abiertamente que junto a Martínez Pozo fue uno de los que catapultó como mandatario, a Danilo Medina.

 

Y, aunque sabemos que los periodistas tienen sus simpatías político-partidarias, lo penoso de este caso es que haya quedado en evidencia que más que periodistas son políticos cabilderos que responden a un proyecto presidencial. Pero no sólo eso, no conforme con esa revelación que transgrede el sobrio periodismo, se mostró resentido porque nunca creyó que, en “un gobierno de Danilo Medina”,  Martínez Pozo recibiría ese trato.

 

Es decir, que haber hecho ingentes labores propagandísticas a favor del mandatario, lo libra de cualquier investigación en cuanto al caso Odebrecht. Si es así, está exento de imputaciones todo el que esté involucrado en ese acontecimiento, siempre y cuando pertenezca al séquito de Medina. Al margen de que estén involucrados o no en el mismo, creemos que más que la persecución de una instancia judicial investigativa, lo que se debe desatar ante lo indecoroso de ciertos periodistas, es una purga moral.

El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.