Louise Brown, 40 años después continua siendo una naturalidad de una revolución científica

LONDRES. Louise Brown es una mujer casada, con dos hijos que trabaja y vive en Bristol (sudeste de Inglaterra) y que se prepara para celebrar su 40 cumpleaños mañana, todo muy normal si no fuera porque su nacimiento supuso la mayor revolución científica en la historia de la reproducción asistida hasta la fecha.

“Creo que no importa como hayas nacido, tu vida es igual aunque hayas nacido por otros métodos”, declaró Brown en una entrevista con Efe en Londres, quien el 25 de julio de 1978 fue la primera niña del mundo nacida gracias a la técnica de fecundación in vitro.

Algo que, según afirmó, no ha condicionado ni cambiado su vida y de lo que siempre habló con mucha naturalidad con sus padres, John y Lesley Brown, fallecidos en 2006 y 2012, respectivamente.

“Mis padres me enseñaban lo que decía la prensa”, comentó, al tiempo que aseguró que el interés mediático que provoca no ha influido en su personalidad.

“Creo que sería la misma persona si no hubiera tenido la intromisión de la prensa. Soy muy como mis padres, ellos eran muy calmados, me dejo llevar”, manifestó.

El nacimiento de Brown, conocida como la “niña probeta”, copó las portadas de los diarios de todo el mundo y encumbró a uno de sus artífices, el fisiólogo Robert Edwards a recibir el premio Nobel de Medicina en 2010.

Sin embargo, no fueron pocos los que pusieron en entredicho la ética de este procedimiento, en el que el óvulo de la mujer es fecundado con los espermatozoides del hombre fuera del cuerpo de la madre.

Para Brown, “todo el mundo tiene derecho a tener sus propias opiniones” pero, matizó, la única diferencia de su nacimiento fue “que el esperma y el óvulo se juntaron fuera” pero luego el embrión fue introducido en el cuerpo de su madre “y los nueve meses de embarazo fueron como los de cualquier otro”.

Su madre, Lesley, pensaba igual y, según confesó su hija, si sus familiares se hubiera opuesto a que ella y su marido probaran esta técnica “no les hubieran hecho caso. Ella solo quería un bebé”.

“Siempre quiso un bebé, no creo que si sus familiares hubieran estado en contra les hubiera escuchado, ni siquiera escuchaba a Patrick (Steptoe, el ginecólogo implicado en su nacimiento) en las reuniones; ella solo pensaba ‘va a conseguir darme un bebé, quiero un bebé’, creo que eso era todo”, agregó.

Brown evitó posicionarse sobre el aborto y apeló a la libertad individual de cada uno y los motivos que lleven a tomar esa decisión.

“No todo el mundo quiere tener una familia, depende de la libertad individual de cada uno, es una decisión personal”, puntualizó. Aunque ese no es su caso: “Yo no podía esperar a tener mi propia familia”, explicó.

Un sueño que se hizo realidad el 20 de diciembre de 2006, con el nacimiento de su primer hijo, concebido de forma natural, y que completó hace cuatro años con un segundo retoño.

Convertida en madre de familia, Brown dijo que ya le ha contado a su hijo mayor “que su abuela necesitó ayuda de los médicos” para que ella naciera, aunque, de momento, “sin entrar en detalles técnicos”.

Sin embargo, cree que su hijo va a entender lo que es la fecundación in vitro antes que ella porque, en su época, “no había educación sexual en el colegio tan pronto”.

Además, comentó que “el niño entenderá mejor” lo que es, una vez vea la exposición “IVF: 6 Million Babies Later”, una muestra en el Museo de Ciencia de Londres que hasta el próximo noviembre hace un repaso de los cuarenta años de historia de esta técnica.

Desde 1978 más de seis y millones y medio de niños han nacido en todo el mundo gracias a este procedimiento, del que Brown fue pionera y que la convierte en un hito de la historia de la medicina reciente que ella lleva con toda naturalidad.

AGENCIA  EFE