El mínimo esfuerzo

Por Fernando A. De León                 

   Sin chistar ni inmutarse, hace cierto tiempo, un activista comunitario de Nueva York, nos dijo: “el que trabaja es porque no sabe hacer otra cosa”.  Y lo expresó cándidamente y con un desenfado que asombra.

 

Pero muy a pesar de su osada aseveración, estamos seguros que otros más discretos que él, tienen el mismo criterio.  Claro, los que piensan así se refieren al mínimo esfuerzo; cumplen con aquello de que “el aguaje es la mitad del pleito”.

 

    Estos individuos que abundan en nuestra comunidad, tanto en esta urbe neoyorquina como en el país, se corresponden con la teoría derrotista sobre la vagancia, desidia y el arribismo, sostenida por el desaparecido ensayista Francisco Moscoso Puello y otros polígrafos, en cuanto a la naturaleza de una buena parte de los dominicanos. No dan ni para conservar un empleo, pero sí para engrosar las denominadas “botellas”.  

 

      Por la actitud de estos ‘insumergibles’ entre los que figuran profesionales diversos; de alguna forma es que impera en nuestro tejido social, exclusiones, inequidades y otras lamentables desigualdades. Podrían ser considerados pervertidos, porque como rémoras, hacen más daño que bien. 

 

  Una de las particularidades de estos oportunistas es que siempre tienen un proyecto debajo de las axilas, y sólo sostienen discursos a modo de galimatías con los que enredan a los ingenuos que terminan cayendo en su redil. Viven del cuento, y con el mínimo esfuerzo.

     El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.