RD, de nuevo ante amenaza sanitaria de Haití

Por: Luis Garcia

luisrgarcia15@gmail.com

Los países que se han colocado en los primeros lugares de bienestar social tienen en común que aplican efectivas estrategias de prevención de enfermedades y disponen de barreras de control epidemiológico que les protegen de potenciales amenazas sanitarias, garantizando así la viabilidad de las acciones dirigidas a alcanzar niveles óptimos en la calidad de vida de sus habitantes.

Indiscutiblemente que no se trata del caso de la República Dominicana, que actualmente se ve amenazada ante el brote de malaria que se ha producido en el municipio Santo Domingo Oeste, el cual, aunque no se ha querido admitir, está relacionado con el incremento de asentamientos de haitianos que ingresan y permanecen irregularmente en el territorio nacional. Las permanentes amenazas sanitarias procedentes de Haití se hacen extensivas a la sanidad económica del país porque podrían impactar negativamente en el turismo.

Las autoridades dominicanas han tratado de silenciar la situación, sin medir el riesgo que ello conllevaría en el futuro cercano.

El momento, sin embargo, no es para el silencio ni el qué dirá la comunidad internacional; no se puede olvidar que el turismo representa una de las columnas de la economía nacional en un contexto global en el que los turistas se cuidan de no visitar destinos de gente enferma.

Frecuentemente, nos escandalizamos ante la presencia masiva de haitianos que ingresan ilegalmente por la frontera con Haití, sin darnos cuenta que existe un peligro aun mayor que acecha noche y día: la amenaza sanitaria.

La alarma con la malaria no es la única que se produce este año; a finales de marzo el Ministerio de Salud emitió una alerta epidemiológica nacional para prevenir un posible brote de difteria, después del fallecimiento de un niño haitiano de 4 años con síntomas de esta enfermedad y que había llegado al país recientemente procedente de Haití.

Mientras que antes, el l 15 de noviembre de 2010, se había confirmado el primer caso de cólera en República Dominicana. Un inmigrante haitiano que demandó atención y fue ingresado en un centro sanitario de Higüey, provincia La Altagracia, resultó positivo.

La situación activó la vigilancia intensificada de cólera en todo el territorio nacional. A partir de esa fecha y hasta el 31 de diciembre de ese mismo año, se notificaron 662 casos sospechosos y cerca de 11 defunciones asociadas a la enfermedad.

Un año después, en diciembre de 2011, la cantidad de nuevos casos alcanzó los 21,000, con 371 fallecimientos, mientras que en 2012 las cifras descendieron a 7,860 y 66 defunciones igualmente sospechosas. Los datos disponibles para 2013 indican que al 25 de mayo hubo 1,016 casos de cólera y 19 defunciones relacionadas con la infección.

Los dos países comparten la isla La Española, con una frontera física que, aunque porosa, marca límites geográficos tangibles.

Sin embargo, existen enormes asimetrías que van desde lo económico hasta lo sanitario, sin que para este último se verifiquen fronteras porque en el campo epidemiológico las mismas no existen en ninguna parte del mundo.

No se trata de prejuicios, sino de la concreción de que la República de Haití tiene uno de los peores sistemas sanitarios del mundo, y la República Dominicana, la imperiosa necesidad de blindar su frontera para cuidar la sanidad de sus habitantes y de una economía que abre sus puertas para que ingresen 10 millones de turistas cada año.