¿Resurgimiento Guerra Fría en América Latina?

 

Por: Luis Garcia

luisrgarcia15@gmail.com

En los casi cuatro lustros del siglo XXI, en América Latina se han verificado una serie de acontecimientos de carácter geopolítico que dan la impresión de un resurgimiento de la Guerra Fría, expresados en el accionar activo de Estados Unidos, la República Popular China y Rusia en esa zona del mundo.

Desde la época del Muro de Berlín y cuando ni siquiera la palabra ‘perestroika’ se mencionaba, esas potencias no miraban mucho estas tierras, pero ahora, sin embargo, recurren a geoestrategias para incidir en los ámbitos económico y político, en una coyuntura en la que lo ideológico está de vacaciones colectivas.

Aunque algunos estudiosos sitúan el origen del término Guerra Fría en 1917, junto al triunfo de la Revolución Rusa, aceptemos la versión más socorrida, la que lo asume a partir de finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, definiéndolo como un enfrentamiento ideológico, cultural, económico, político, social, militar y científico entre los dos polos que resultaron dominantes: el capitalista occidental, liderado por Estados Unidos, y el comunista oriental, bajo la hegemonía de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Ambos polos tuvieron incidencias en Latinoamérica hasta el fin de este enfriamiento en las relaciones globales, que se simbolizó con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS en el año 1989, y que dio paso a un mundo unipolar dominado por Estados Unidos.

La participación estadounidense en Latinoamérica se registró mediante el respaldo a gobiernos militares adversos a todas las iniciativas dirigidas a la instauración del socialismo. Mientras favorecieron a los dictadores y violadores de los derechos humanos, Fulgencio Batista, Cuba; Augusto Pinochet, Chile; Jorge Videla, Argentina; Alfredo Stroessner, Paraguay; Hugo Banzer, Bolivia; Anastasio Somoza, Nicaragua; François Duvalier, Haití; Rafael Leonidas Trujillo, República Dominicana, y Juan María Bordaberry, de Uruguay; propiciaron el derrocamiento de regímenes democráticos como los casos de Jacobo Arbenz, Guatemala, y Salvador Allende, Chile.

En tanto que la intervención soviética estuvo presente, a partir del triunfo de la Revolución Cubana y el ascenso al poder de Fidel Castro, en 1959. Apoyó a diversos grupos guerrilleros en Bolivia, Colombia, Perú, Brasil, El Salvador, Nicaragua y otras naciones.

El mundo siempre ha sido inestable y el futuro es impredecible por naturaleza, y las potencias lo saben. De entrada, ese sería el punto de partida para ir comprendiendo el porqué han vuelto a poner su mirada en América Latina, una zona geopolítica interesante, debido a la potencialidad de sus recursos naturales, sobre todo hidrocarburos y acuíferos.

Una revisión a acontecimientos políticos registrados en las últimas dos décadas en la región revelaría la presencia activa de Estados Unidos, Rusia y la República Popular China.

En caso de las administraciones estadounidenses no han escatimado esfuerzos para sacar del poder a gobiernos de orientación izquierdista.

En el contexto anterior, hay que inscribir las presiones que pusieron fin al kirchnerismo, y dar paso a Mauricio Macri, en Argentina; Rafael Correa, Ecuador; y la promoción de acciones desestabilizadoras en Bolivia, Nicaragua y Venezuela. En este último, la continuación del presidente Nicolás Maduro es incierta, cuyo sostén principal en las posiciones de defensa las enarbolan China y Rusia.

La República Popular China, de su lado, ha movido sus fichas en la región, logrando el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con Costa Rica, Panamá y la República Dominicana. Estos países han recibido “reprimendas” del gobierno de Donald Trump.

Todo parece indicar que actualmente Latinoamérica representa el escenario en el que ha resurgido la Guerra Fría, al estilo de un mundo que ha cambiado significativamente desde la caída del Muro de Berlín.