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CONDUCTA INTIMA Y ACTOS PUBLICOS

Oscar López Reyes

  El vocal de la vieja asociación empresarial se conformó, por más de diez años, con ese cargo, y cuando el periodista le estimuló para que aspirara a la presidencia de ese gremio, le respondió negativamente y reveló que se deslizaba como los cocuyos, en la sombra, porque su compañía sobrevivía por la doble contabilidad y que con “chicas” le gustaba pernoctar en terrazas de amor.

            La transversalidad fisonomiza, en el sujeto-ser con notabilidad social, la relación intimidad-privacidad-divulgación, en una ecuación tripartida: I-P-D, que se desglosa a seguidas.

            Intimidad (I): 1) Necesidad fisiológica en un baño, 2) Carta de una novia; 3) Conversación padre-hijo sobre asuntos familiares; 4) Resultados de una prueba de laboratorio ordenado por un médico, y 5) Relaciones carnales entre dos personas en un aposento.

Privacidad (P):1) Reunión secreta entre dos líderes políticos; 3) Intervención quirúrgica del presidente de la República; 2) Una boda, cumpleaños o fiesta en un club recreativo; 3) Ceremonial en una iglesia; 4) Divorcio, como diez  veces, de un candidato por maltratos sentimentales y negación de manutención a hijos, y 5) Notificación por la universidad del fraude de una tesis de grado.

                Divulgación (D): Unos ameritan discrecionalidad, pero otros no.  Suscita  interés en el periodista cuando conoce, en  un proceso penal,  que  un/una  honorable juez/jueza  se apasiona sensualmente con  “tigres”  (de pantalones rotos  y sacos-corbatas) y  que, en su debilidad erótica, ellos   influencian y comercializan sentencias en perjuicio de la sociedad y de terceros afligidos por asesinatos. ¿Debe enmudecer?

            Por ética, jamás debe callar aconteceres inauditos de un árbitro  que engañosamente  ha embrujado a “sectores progresistas”, ni  tampoco hacer mutis  en torno a  sorprendentes revelaciones de  otro magistrado   involucrado en el escape de  Quirinito. Cuando ocurra, masivamente  se gritará: ¡Demontre!

            En su artículo 44, la Constitución consigna que “toda persona tiene derecho a la intimidad”, y en el 49 que “tiene derecho a la información”, respetando la intimidad. Los conceptos intimidad-privacidad-divulgación no están deslindados en la carta magna ni en ninguna ley, por ausencia de definiciones y diferenciaciones.

            La individualidad de autoridades oficiales se entronca en la relatividad y en el choque de dos derechos (intimidad e información), conforme a nuestro texto sustantivo. La privacidad ha de ser observada hasta ciertas esferas, porque se desborda ante ocurrencias fatales y en juicios en tribunales, en tanto que la información deviene en un reclamo colectivo, como derecho a saber. ¿Prevalece lo particular-familiar o lo global-social?

            El que no quiere que sus verbenas  y resacas trasciendan a la colectividad en una comarca hipercomunicada, que camine en puntillas y se coloque detrás de las verjas, como el  vocal de la vieja asociación empresarial, que estaba consciente que las figuras públicas tienen intimidad o privacidad restringida.