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Limitaciones

   Por Fernando A. De León

 Sobre todo para los que escriben muy ocasionalmente artículos sobre nuestra política local; si tocasen temas generalizados de nuestro acontecer y cotidianidad profesional e institucional, deberían sopesar lo que externan aunque aparentemente asuman trivialidades.

 

  Uno de los puntos nodales de la intelectualidad cual que sea el asunto que se aborde es conocer sobre cuáles son sus limitaciones; cada quien debe conocer su fuerte. Y se hace más apremiante en un país fanatizado en política (no politizado como se dice) que la sobrepone a la “disrupción” de cualquier otra área del saber.

 

  Sin embargo tener un perfil de intelecto no significa que, necesariamente, hay que abordar esos asuntos vernáculos. Porque hasta para escribir sobre narrativas disímiles de nuestros acontecimientos sico-sociales; relatar anécdotas filiales o barriales de nuestro entorno, se debe dominar plenamente el tema expuesto.

 

  Es mejor no meterse en camisa de once varas adentrándose en temas que, a simple vista es notorio que no dominamos, y optar por describir casos, circunstancias o hechos del que tenemos sobradas y tangibles vivencias; bien planteados y con sólidos fundamentos. Esto, al margen de que incurramos en cualquier desliz de redacción u otros errores intrascendentes en nuestra exposición.

 

  Los temas sencillos que también motivan a nuestros lectores, tienen cabida en el ámbito literario, artículos ensayos u otros géneros. Cada vez que se aborda un tema que, evidentemente no dominamos, caemos en una ignorancia cuasi supina. Es mejor tratar la materia que manejamos con cierta destreza antes que elaborar fárragos mal enfocados que sólo devienen en galimatías; y de paso, no aportan nada nuevo ni sustancioso.

 

  No se tienen luces intelectivas improvisando sobre lo que no se tiene un lógico asidero. Es mejor manejar con cierta gracia las cosas simples y comprensibles que únicamente provocan que el lector las deseche; pero nunca buscando notoriedad al incurrir en “fantochadas” que tienden a ridiculizarnos.

   El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde residen.