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La sonrisa del candidato

Por Oscar López Reyes

A mi hijo médico le dije, cuando estudiaba en la universidad, que el poder curativo reposa en la sonrisa-mirada (psicografía), más que en ciertos medicamentos, y a los alumnos de mercadeo-comunicación y clientes matizo que el magnetismo retumba como la palanca primaria  que conduce a la victoria electoral.

                Detrás de la sonrisa-mirada  emocionan en la empatía la oralidad del candidato, la identidad partidaria, la filantropía y  las ofertas, conforme a estudios cualitativos-cuantitativos. Como los porcentajes varían por los perfiles demográficos, geográficos, psicográficos y grupos especiales, asignemos, por estimación, un 20% a cada coeficiente. Así, la personalidad proyectada acumula el 40%  del pastel electoral.

                A través del lenguaje corporal, como la sonrisa-mirada, el postulante irradia energías magnéticas, y los potenciales electores perciben una idea y un designio. Dividámosla  en tres vertientes.

1) Sonrisa obligada: un rostro tieso-rígido-triste destella resentimiento, aburrimiento y sufrimiento, como si se llevara  una cruz a cuesta. Ahuyenta, cuan niño malcriado o un burgués soberbio cuando tira una risita empujado por la audiencia.

2) Sonrisa fingida: se disfraza en los linderos de la hipocresía, y trastocada con tanta grandilocuencia que la gente no diferencia entre la imagen del cartel y la del sujeto presente.

3)  Sonrisa natural: innata-moderada en la graciosidad natural, que refleja estabilidad, confianza y felicidad. La imanación/carisma los neurólogos Margaret W. Martin y Hugh J. Foly la describen como “sensibilidad a la estimulación química”.  Una cara recia puede ser transformada en atractiva en el entreacto de la mentalización de la sonrisa, con gimnasias psíquico-físicos. 

En el neuromarketing electoral, la bella sonrisa busca impactar en el target group flotante o no partidista, no tanto en los segmentos fieles/firmes del partido y abstencionista. Ella integra el portafolio de los mensajes lúdicos e influye preponderantemente en el comportamiento del voto/mercado.

La gestualidad (reír, ojear, fruncir el ceño, mover las manos, las posturas relajantes, etc.), la perorata sin divagaciones mentales y el sano humor emiten  vibraciones magnéticas, que refuerzan el factor humano-espiritual del candidato y se traducen en imágenes y percepciones favorables.  Revelan, en esa cascada, una apropiada gestión de los sentimientos, es decir, inteligencia emocional en la grandeza del amor y la convivencia.

Para situarse en el estadío de la personalidad divertida, y obrar como un guerrero pacífico inalterable, se impone el entrenamiento del candidato en el yoga –yo lo ejercito desde hace 20 años- , entre ellos  el control  respiratorio y la visualización guiada, con intervenciones discursivas frente a un espejo.

El  cerebro compagina mejor con el Médico de los Placeres (doctrina hedonista), mientras que la sonrisa y el humor enlazan como un sedante. Por esa prueba cobra  más vigencia el viejo refrán: “Ríete y el mundo reirá contigo…llora, y llorarás solo”.

8 de abril de 2019.  ILUSTRACION SUGERIDA: UNA  SONRISA AGRADABLE