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Una decisión salomónica, sin la sabiduría del rey Salomón

Por: Luis Garcia

luisrgarcia15@gmail.com

A principios de la semana pasada, la Junta Central Electoral (JCE) se pronunció en torno a una instancia que le había presentado el Partido Revolucionario Moderno (PRM) para que se eliminase el arrastre en la boleta congresual, a partir de los comicios previstos a celebrarse el próximo año.

Mientras que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se opuso a la petición, argumentando que el arrastre continúa rigiéndose por la Ley 157-2013, sobre Circunscripciones Electorales, y no mediante la Ley 15-19, de Régimen Electoral.

Ante esa situación, el pleno del órgano electoral decidió mantener el arrastre entre senadores y diputados en el Distrito Nacional, Santiago, Puerto Plata, La Vega, San Cristóbal y Santo Domingo, y determinó la separación de las boletas en las demás 26 demarcaciones.

Fundamentó la misma en lo que establece el párrafo IV del artículo 104, de la Ley Electoral 15-19, sobre las circunscripciones electorales.

La decisión, evidentemente salomónica, encontró más críticas que alabanzas en la opinión pública, partidos de la oposición y diferentes entidades de la sociedad civil. Incluso, el PRM informó que la recurrirá ante el Tribunal Constitucional o el Tribunal Superior Administrativo (TSA), alegando que resulta inaceptable y discriminatoria.

La controversia surge en momentos en que, de acuerdo a los resultados de la reciente encuesta Gallup-Hoy, el 55% de los ciudadanos le atribuye muy poca credibilidad al órgano electoral responsable de organizar las elecciones del año 2020.

El país se encuentra ante una coyuntura en la que el montaje de unas elecciones, cuyos resultados estén fuera de toda duda, reviste una importancia capital, debido su impacto en la vida democrática.

Considero que las autoridades electorales procuraron una salida salomónica para complacer a las partes, pero, desafortunadamente, no que estuvo inspirada en la sabiduría del rey Salomón.

En este punto, vale recrear la narración bíblica que figura en el Primer Libro de Reyes, en la que se cuenta que dos madres solteras que compartían una habitación, se presentaron ante el rey Salomón.

Cada una había dado a luz un niño, más o menos en la misma fecha, y que una noche, una, accidentalmente, se dio vuelta sobre su bebé y lo asfixió.

Al despertar, notó que su hijo estaba muerto, por lo que tomó el de su compañera y colocó el muerto en su lugar.

Cuando despertó la otra, encontró al niño muerto y comenzó a lamentarse con dolor. Pero después de examinarlo, se dio cuenta que no era su hijo. Al mirar al otro lado del cuarto, observó a su compañera que sostenía firmemente a su hijo.

¿Cómo podría el Rey determinar quién era la verdadera madre? Salomón interrumpió el debate y le dijo a un guardia que tomara su espada y dividiera al niño en dos.

La verdadera madre se arrojó a los pies del monarca y suplicó, “¡Dad a esta el niño vivo, y no lo matéis!”. Pero la otra, dijo: “Ni para mí ni para ti, que lo partan”. Entonces Salomón supo, sin duda alguna, quién era la verdadera madre.

El momento electoral demanda que se actúe con sabiduría y prudencia, virtudes conectadas a la inteligencia y con el uso de la razón.

No dependamos mucho de lo que nos transmiten nuestros sentidos, porque, como proclamaba Platón, nos puede engañar. El sabio sabe combinar la inteligencia y el intelecto con las emociones para obrar conforme al bien.

No es posible complacer a todo el mundo. Salomón, actuando con sabiduría, solo complació a una de las mujeres, aquella que portaba el estandarte de la verdad.