fbpx

¡Naturalizados!

Por Fernando A. De León

 Afincados en nuestra condición de doble nacionalidad, ante la molicie que afecta a nuestras políticas públicas y lo que debería ser una certera institucionalidad; cada día más dominicanos se han naturalizados como estadounidense.

 

 Cada vez más nuestro gentilicio como oriundos de la República Dominicana es cuasi una nomenclatura que se inscribe en incertidumbres y desesperanzas. Esas nefastas sensaciones son indicadores de que, el merecido retiro dejaría secuelas adversas que en nada conducen a una ancianidad sosegada para, finalmente, inmaterializarnos sin mayores trastornos existenciales.

 

 Ello así, porque cual que sea nuestra pensión de retiro luego de haber laborado incansablemente en estas tierras, si estamos al margen de poderes fácticos y sectores influyentes, también seremos clasificados como ciudadanos de tercera o quinta categoría. En consecuencia, nuestros esfuerzos de ser ciudadanos decentes, tanto aquí como allá, en nada nos compensa.

 

 Muy al contrario. También como profesionales con referencia de migrantes dignos que ni siquiera nuestra disciplina hemos festinado,  tampoco es trascendente para vivir paz y sin mayores sobresaltos. De algún modo, se nos observa como bichos raros en una sociedad donde predomina la delincuencia.

 

  Y, no nos referimos a simples cacos o atracadores famélicos; hablamos de profesionales que son delincuentes o cuando no, a líderes placebos de nuestra política vernácula. Actores que deberían estar tras las rejas.

 

  Y lo chocante de esto es, que todo ello acontece aunque seamos entes auténticamente dominicanos que, con estoicidad y sacrificios hemos contribuido fortalecer con remesas el sector económico, a la vez de mantener incólumes los prístinos ideales de quienes nos instruyeron y formaron.

 

  Sí, porque parecería que son privilegiados los que les hacen el juego a los que pretenden repetirse como caudillos y otros corruptos que apuestan al populismo para luego dejar una estela de corruptelas; además de testaferros y representantes de nefandos sectores que se precian de constitucionales y demócratas pero estimulan las inequidades; y mantienen al país en ascuas.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.