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Cuidado con la admiración de Trump por los autócratas como Putin y Xi

El presidente estadounidense ha hecho poco para ocultar su respeto por los líderes autoritarios

Es esta época el año que viene, y Donald Trump se está preparando para su segunda toma de posesión. Aunque recibió 4 millones menos de votos que Joe Biden, su oponente demócrata, el Sr. Trump ya está pensando en un tercer mandato. “¡Los demócratas me robaron mi primer mandato con un falso juicio político!”, tuitea por enésima vez. Los apologistas insisten en que el Sr. Trump sólo está troleando a los medios de comunicación. De cualquier manera, se trata de la familia. Los republicanos con visión de futuro se alinean detrás de Donald Trump Jr., su hijo, o de Ivanka, la autodenominada “primera hija”.

Sería imprudente descartar las probabilidades de que esto sucediera. La pregunta apremiante es qué haría el Sr. Trump si así sucediera. La respuesta es prestar atención a lo que él dice, ya que generalmente lo dice en serio. En particular hay que escuchar los elogios que el Sr. Trump les confiere a sus homólogos autocráticos, como los líderes Xi Jinping de China, y Vladimir Putin de Rusia. El primero ha eliminado el límite del mandato presidencial informal de dos períodos de China para poder permanecer en el poder después de 2022. El Sr. Putin, quien está en su cuarto mandato, está revisando la constitución de Rusia, casi con toda seguridad para perpetuar su poder más allá de 2024.

El Sr. Trump ha felicitado repetidamente a ambos hombres por su poder. Él llamó al Sr. Xi “presidente de por vida” (un término que nadie en China usa). “Creo que es maravilloso”, les dijo el Sr. Trump a unos donantes. “Tal vez tendremos que intentarlo algún día”, él agregó. Contra el consejo de su personal, él también felicitó al Sr. Putin por su reelección en 2018. Es notable que el Sr. Trump no haya pronunciado ni una palabra negativa en público acerca de su homólogo ruso. Y comparemos esto con el lenguaje despreciativo que el Sr. Trump usa para referirse a sus homólogos, democráticamente elegidos, en Europa y en otros países.

El mejor ejemplo de esto sería la impotencia del juicio político. La próxima semana, el Sr. Trump va a comenzar a ser “juzgado” en el Senado por delitos y faltas graves de abusar del poder de su cargo y de obstruir al Congreso. Unas semanas después, él seguramente será absuelto. Como el primer presidente en la historia en ser acusado durante su primer mandato, el Sr. Trump llevaría a EEUU a territorios desconocidos al ganar la reelección. El único tribunal de apelación que importa sería el de la opinión pública. El efecto sobre el sentido del Sr. Trump de su propio poder sería “no trivial”, como dicen los economistas.

El impacto sobre los líderes autoritarios, ya sean aspirantes o reales, de ser confirmados en el poder es instructivo. Es típicamente el momento en el que se ‘quitan los guantes’. Narendra Modi, el primer ministro de India, ha intensificado drásticamente el cambio del país hacia una democracia iliberal desde que su partido fue reelegido en mayo. El Sr. Putin dio un giro más autocrático al comienzo de su segundo mandato en 2004. El Sr. Xi eliminó los límites de permanencia en el poder en 2018, poco después de su segundo mandato de cinco años. Está cerca de ser una ‘ley de hierro’.

Cambios similares también se produjeron durante la primera reelección del entonces primer ministro de Turquía (ahora presidente) Recep Tayyip Erdogan, de Viktor Orbán de Hungría, y de Abdelfatah al-Sisi de Egipto. El Sr. Trump le ofreció sus “sinceras felicitaciones” al líder egipcio después de su aplastante victoria con un 97 por ciento de los votos en 2018.

¿Qué querría hacer el Sr. Trump con un segundo mandato? Puedes buscar en vano la persecución de sustanciales aspiraciones políticas. En este punto, los presidentes estadounidenses de primeros mandatos suelen hablar de los asuntos pendientes. En el caso del Sr. Trump, el único ejemplo es completar el muro fronterizo con México. Una o dos veces, el Sr. Trump ha mencionado el deseo de implementar una reducción de impuestos para la clase media. Sin duda, su equipo improvisará algo conforme se avecina la elección de este año. Pero, a juzgar por lo que el Sr. Trump ha dicho, su principal preocupación es vengarse de sus enemigos.

A lo largo de la historia, la paranoia es una característica definitoria de los líderes autoritarios. En el caso del Sr. Trump, se trata de lo que harían los tribunales una vez que él esté fuera del poder. Tal como dijo Thomas Jefferson sobre la esclavitud, el dilema puede compararse con aferrarse a las orejas de un lobo: quieres soltarlas pero temes lo que sucederá si lo haces. El Sr. Trump querrá mantener un rígido control sobre esas orejas.