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¡Chochear y rezongar!

Por Fernando A. De León

 Nuestros conciudadanos que van camino al envejecimiento y que ya son ancianos, en República Dominicana, sólo les queda pasar sus últimos días chocheando. Pero, los que nos quedemos en el exterior los pasaremos rezongando, y extrañando de nuestro terruño.

 

 Y no es tan difícil evidenciar esa realidad cuando, en el debate de los aspirantes a síndicos de Santo Domingo y Santiago, nunca oímos exponer sobre proteger a la ancianidad con la implementación de normas que hagan nuestros últimos días más placenteros, en nuestro país.

 

 Al menos nosotros, ni siquiera oímos que se abogara porque se apliquen, efectivamente, los acuerdos establecidos en la ley 352-98 sobre Protección de la Persona Envejeciente que beneficia a los ancianos de 65 años o más, con reducción, entre otros, en los costos de pasajes, del sector salud, y esparcimientos. Entendemos que, de alguna manera, esto también es competencia de los gobiernos de nuestros municipios.

 

 En los debates, que contaron con la promoción y el auspicio de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE), se habló de todo tipo de remozamiento y hermoseamiento de las metrópolis en sus gobernanzas, y hasta de becas para los jóvenes; pero se obvió presentar propuestas en beneficio de los ancianos. Parecería que en las metas de ambiciones políticas, no se deben  tomar en cuenta las vulnerabilidades de viejos o ancianos.

 

 Después de todo,  por ejemplo, envejecer en Estados Unidos parecería conveniente aunque vayamos a parar a un home, es decir, a una casa de asilo donde ya desvalidos y enfermos se nos asista, y nos sucedan las nuevas generaciones.

 

 Las exposiciones sobre lo que harían nuestros futuros alcaldes, en las que se ignora la vejez, nos dicen que es mejor morir en soledad y rezongar en Nueva York, que chochear y recibir humillaciones en República Dominicana. Al menos en lo que respecta a los que no somos padres ni parientes de los que depredan al Estado dominicano.

   El autor es periodista, miembro del CDP, en Nueva York, donde reside.