fbpx

Lecciones del Covid-19

Por Fernando A. De León

 Aunque por razones obvias crecimos asustados, y ya adultos y  profesionalmente habilitados no nos hemos librado de ciertas taras; hoy, ante la presencia de la pandemia denominada Covid-19, lo estoico ante los avatares de la vida, está un tanto debilitado.

 

 Y esto es así, porque las prevenciones para frenar esta pandemia, de algún modo, para nosotros, son fallidas e insuficientes.  En Nueva York, si no cientos, hay miles de personas de los denominados ‘bordantes’. Nos referimos a los que estamos alojados en cuartos rentados de centenarios apartamentos.

 

 Es evidente que la mayoría somos hombres. Como hemos dicho otras veces, las mujeres solas en habilidades y desenvolvimiento, superan a los  hombres. Es obvio que con lo expuesto hasta el momento; muchos en esta ciudad aunque la Guardia Nacional esté en las calles, tenemos que salir a buscar nuestros alimentos, sobre todo si no sabemos preparar nuestras comidas, y si no tenemos acceso a la cocina.

 

 Sin embargo a pesar de estos inconvenientes es lamentable señalar que, aunque mañana seamos afectados por este demoníaco virus, somos afortunados de residir en Nueva York; donde recibiremos la asistencia necesaria y oportuna, contrario a lo que todavía acontece en República Dominicana.

 

 Cuando se nos vino encima el SIDA, y no fuimos víctimas, simplemente nos absteníamos de tener relaciones sexuales indiscriminadamente. Con este mal, no es así. Empero, por primera vez, estamos observando que tienen mayores riesgos los que llevan una vida hedonista. Es decir, los que sólo piensan en el placer; viajan constantemente, y participan en “selectos” conglomerados.

 

 También, por primera vez, observamos que la nación más pobre de occidente como lo es Haití, con esta contingencia mundial, hoy, y hasta el momento, ha sido la menos afectada de nuestra región.

 

 Y, del mismo modo, también confirmamos que es cuasi un hito, aunque no es nuestro deseo, el que los de clase alta y media muy acomodada y hasta funcionarios, corren el mismo o peor riesgo que nosotros los desposeídos. Ojalá estas lecciones nos hagan reflexionar, y obren para terminar con discriminaciones y abusos.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.