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Arrogancia y falta de ética en profesiones que ofrecen servicios públicos

Por Emilia Santos Frias

santosemili@gmail.com

Hoy queremos hablar acerca de la calidad y oportunidad de la atención recibida cuando acudimos en busca de servicios públicos, es decir, cuando demandamos alguna actividad de las destinadas a satisfacer necesidades colectivas.

Los servicios públicos son bienes y actividades esenciales o básicas, que el Estado debe garantizar para fomentar mejor nivel de vida de la población. Estos, deben ser administrados por el Estado a través de instituciones públicas y empresas privadas, pero, siempre sujetas al control, vigilancia, fiscalización, cumpliendo normas y leyes vigentes.

El Estado tiene múltiples funciones, porque a través de sus gobernantes debe administrarlos, crear, organizar y garantizar el adecuado funcionamiento de estos servicios. Hablo entonces, de servicio de abastecimiento de agua, “el preciado líquido”. Tenemos más de 20 años con un proyecto de ley que reposa en el Congreso Nacional, y en cada legislatura se queda engavetado. Queremos que esa ley sea real, pero que este líquido vital, nunca sea privatizado!.

Otro servicio públicos lo constituye las bibliotecas públicas, importantes en este siglo de la información. También me refiero al servicio de educación, tan desigual en mi país; la calidad de la pública y privada es disímil. ¿A qué se debe?, ésto crea discriminación, enriquecimiento de un sector, y bloqueos culturales para la presente y futura generación.

Asimismo, el servicio de  electricidad, ese que tan alto estamos pagando. Las emergencias, que aunque hoy poseemos el contacto 911, demandamos más oportunidad en la atención prestada.  De igual forma, el servicio de gas (para el uso doméstico); la adecuada  gestión de residuos o recogida de desechos, basura. En este debemos seguir educando a la población para la forma correcta de reciclar. Al tiempo que, las empresas realicen la recogida de manera pertinente. También está el servicio judicial, tan desacreditado actualmente.

En otro orden, me refiero al planeamiento urbanístico. Teniendo un paraíso como país; su belleza única, rasgos culturales y naturales, deben ser conservados, mediante la correcta gestión de los asentamientos poblacionales, en cada demarcación, evitando así la creación de favelas.

La protección medioambiental, esencial de manera doble en nuestro país, conociendo la realidad; el abuso que comenten manos inescrupulosas a nuestra hermosa fauna, flora, corteza terrestre y marítima.

Además, tenemos los servicios de radiodifusión público, básico para la comunicación de masa en una población tan heterogénea. El postal, que aún no es obsoleto, más bien, necesario como medio de comunicación tradicional, por lo que, su fortalecimiento es importante.

El servicio a la seguridad ciudadana; seguridad social; telecomunicaciones,  este es un servicio muy caro. A menudo, somos víctimas de atropello por parte de las empresas que lo ofrecen, las que, perjudican por incumplimiento de los altos pagos que envían en sus facturas, hasta el historial crediticio de las personas.

Ni hablar del desorden que existe en el transporte público, urge su reordenamiento, no la creación de más instituciones para ellos. Otro servicio que evidencia carencias es el tratamiento de aguas residuales, y uno de los más perentorios, vivienda pública asequibles para el bolsillo de la población más vulnerable. Este brilla por la carencia, aún con la construcción de megaproyectos y las denominadas ciudades, estas no llegan a los más desposeídos y carentes de recursos económicos.

Así como, el aquelarre mayúsculo que tenemos en el sector salud, que además, muestra gran desatención al ciudadano. Le sumamos la arrogancia y prepotencia del servidor, profesional o no, que presta “sus competencias” a las personas beneficiarias. Pero que, cuando la población acude a demandar salud, parece que a este personal le hace sentir que son una especie de semidiós de los servicios públicos. Por lo que,  hay que rogar hasta el cansancio, por un bien que además de servicio es un derecho que nos pertenece, que es inherente a nosotros por el sencillo motivo: somos seres humanos.

Por ejemplo al acudir en busca del disfrute, demanda y ejercicio de nuestro derecho humano y fundamental a la sanidad o salud, consagrado en el artículo 61 de nuestra Carta Magna, vivimos una batalla entre el prestador  y el agente que debe brindar. En ocasiones la batalla inicia en la entrada del centro con los agentes de la seguridad, continúa con la recepcionista, ni hablar del personal de enfermería y el gran jerarca, el médico tratante. Una historia de horror digna de Edgar Allan Poe, el gran maestro de los cuentos de terror.

A muchos de nuestros médicos le sirve el sombrero: “cría fama y acuéstate a dormir”. Ser indolentes, altaneros, arrogantes e inobservancia de ética al ejercer su trabajo, es notable. Esto se convierte en su uniforme laboral. Ah, eso sí, ante la opinión pública, “son dignos maestros de la medicina. Gurúes, y  su palabra es autoridad. La crème de la crème”.

Mentira!, Solo la palabra de Dios, es lámpara a nuestros pies y luz en nuestro sendero. Como dice Salmos e Isaías: la hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. Solo el camino de Dios es perfecto; su palabra es intachable, porque escudo es Dios a los que en él se refugian.

Los seres humanos somos imperfectos, lo sabemos, pero ¿qué cuesta ser sensibles, humanos, responsables con nuestras ocupaciones, empáticos, colaboradores? ¿Es tan difícil?

Cuando un galeno ofrece el servicio público de la salud, amparado en valores universales, con empatía, dinamismo, calidez, calidad, humanismo, que es como debe ser entregado todo servicio, suple   necesidades: satisface y ofrece bienestar a las personas. Con ello, aporta al buen funcionamiento de la sociedad. Al tiempo que,  favorece la igualdad y el bienestar social. Los servicios públicos no son dádiva. Estos suelen ser costeados con el dinero de los contribuyentes. Al mismo tiempo son considerados un bien de interés nacional, incluso cuando se otorga concesiones a la empresa privada para que administren dicho servicio, es el caso de clínicas o centro médicos privados, y las telefónicas. En algunas constituciones del mundo, se les declara propiedad inalienable del Estado.

Estos servicios tienen un rol trascendental en las economías sociales o en los Estados de bienestar, su acceso, es uno de los múltiples componentes para medir índices de desarrollo humano  de las naciones. Ven honorables médicos porque ofrecer servicios; hacer su trabajo apegado a normas deontológicas, es fundamental. Máxime en estos momentos!. Sepan, porque creo que no lo entienden: solo Dios es el Galeno Supremo!

Hasta pronto amables lectores.

La autora reside en Santo Domingo, Rep. Dom.