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La mudez superó la elocuencia

Por Fernando A. De León

 Si algo aleccionador aconteció luego de la pasada jornada electoral del pasado cinco de Julio es haber revelado que a veces la parquedad o mudez, suele superar lo demagógico y cínico de determinada elocuencia.

 

 Como estamos acostumbrados a observar los políticos desde el punto de vista de un simple periodista, y no como activista político alineado; aunque otros no lo admitan, entendemos que Gonzalo Castillo dio una lección de humildad y nobleza.

 

 El candidato del partido oficialista, considerado como torpe y “mudo” por algunos de los que participaron en las pasadas elecciones presidenciales y congresuales, demostró que para ser sensato, moderado y asertivo, no es necesario apelar a grandes piezas de oratoria con intenciones de encantar.

 

 Hasta lo que queremos un cambio, aunque en nuestro caso no somos incondicionales; podríamos decir que Gonzalo Castillo se creció y exhibió pasta de reciedumbre y bonhomía, cuando aceptó humildemente su derrota ante el presidente electo, Luis Abinader. 

 

 No sólo actuó con civismo y moderación, dijo que los resultados eran irreversibles; que los dominicanos teníamos un nuevo presidente, y subrayó que Abinader se merecía el triunfo.

 

 Pero, además, en toda esta jornada, al igual que el candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Abinader, no se inmiscuyó en campaña sucia ni insultó a ningún contendor. Y lo que es más, aunque los funcionarios del gobierno lo dejaron sólo, logró toda una hazaña: todavía perdiendo, obtuvo un millón y sobre 500 mil votos.

 

 Para ello no hizo falta que le conocieran su metal de voz en el Comité Político peledeísta, porque a decir verdad, superó los de discursos floridos de los que, contrario a él, descendieron en más de medio millón de los sufragios.

 

 Aprendimos algo en este pasado torneo electoral: a veces, el silencio es más elocuente que la palabra; y del mismo modo, hay mudez que superan ciertas elocuencias, las más de las veces, contradictorias.

 El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.