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¿Borrón y cuenta nueva?

Por Fernando A. De León

 La justicia dominicana ha dado tantos vuelcos en las últimas décadas que, para aplicarse, tiene como sostén adormecedor una imaginaria partitura musical de Danilo Medina, e interpretaciones a capela que necesariamente deben tener más fidelidad.

 

 Cuando Medina asumió la rienda del poder dijo que para evitar los actos de corrupción el funcionariado tenía que ceñirse a esa partitura Y, tal parece que esa lectura también estaba relacionada con el rumor público. Muchos funcionarios no cumplieron con ella; pero tampoco el mandatario, siguió los pasos de lo que se rumoreaba.

 

 Estas son metáforas o argucias con las que los gobiernos tratan de confundir al electorado que demanda se judicialice a los desfalcadores del Estado.

 

 Sorprendentemente, la que será la directora de Transparencia y Etica Gubernamental, la sobria y respetada dama Milagros Ortiz Bosch, apeló a esos recursos cuando se le preguntó en un programa televisivo sobre cómo y cuáles serían los mecanismos para justiciar a los corruptos, y detener a los que intenten incurrir en malas artes.

 

 Doña Milagros, a quien le dispensamos respeto, dijo que para ello debe haber otros soportes porque sería cómo cantar a capela, (parecería que en la justicia sólo hay crooners de muy bajos registros). El pasado cinco de julio se votó por el cambio de gobierno, pero ello no implica que se someta corrupto alguno a la justicia.

 

 Subsecuentemente los pioneros de la actual corrupción desde 1996, y los de ahora, saldrán ilesos. Los fundacionales (¿?), testaferros y demás, seguirán derrochando nuestro dinero hasta más no dar, y, como es obvio, los corruptos del pasado recientísimo, no deben preocuparse.

 

 Es decir, hay miles de evasivas para zafarse del tema de judicializarlos. A modo de galimatías y retruécanos que incluyen artilugios musicales como distracciones. Nada, se votó por un cambio de gobierno y nada más. No habrá venganza política, ni se perseguirá a ningún corrupto.

 

 Si esto es otro borrón y cuenta nueva, la única esperanza del pueblo dominicano es que los nuevos inquilinos, con todo y su currículo académico, no incurran en corruptelas, y que gobiernen decentemente. Ojalá y por lo menos tengamos un gobierno de transparencia, a partir del próximo 16 de agosto.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.