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Mi Declaración de Propósito para miembro JCE

Por Luis Garcia

 

El Senado de la República tiene por delante el desafío de escoger los nuevos miembros titulares y suplentes de la Junta Central Electoral (JCE), una enorme responsabilidad que debe trascender al interés de los partidos políticos y de determinados sectores de la denominada sociedad civil.

Ahora que está abierto el proceso para su conformación, se impone reflexionar acerca de quiénes deberían formar parte del referido órgano.

Ojalá que las cúpulas de las principales organizaciones políticas y grupos de presión no impongan etiquetas, estereotipos y discriminación, como se ha venido sugiriendo con el planteamiento de que los nuevos miembros tendrían que ser “independientes”. Ningún hombre o mujer es puramente independiente, porque, ontológicamente, constituye la suma de aspiraciones y expectativas.

Desde hace cuatro años desempeño la función de suplente, y optaré nuevamente por la titularidad. En mi Declaración de Propósito, he planteado el compromiso de servirle a la sociedad, para lo cual estoy preparado moral y académicamente, exhibiendo 31 años de escolaridad; condición que un bajo número de dominicanos y dominicanas ostenta.

¿Alguien podría preguntarse por qué en la JCE? Y la respuesta sería que se trata, desde mi punto de vista, del órgano guardián de la democracia dominicana porque, contrario a como muchos piensan, no se limita a la convocatoria, cada cuatro años de las asambleas electorales para la renovación de las autoridades electivas, sino que su labor va más allá.

Entre otras funciones, es la garante de preservar la nacionalidad y la soberanía nacional, debido a que tiene a su cargo la Cédula de Identidad y Electoral y del Registro Civil.

El referido órgano, en vía de consecuencia, va a requerir de una gerencia moderna, a cargo de personas dotadas de suficiente capacidad, idoneidad, honestidad y vocación de servicio, de conformidad a los sagrados intereses del pueblo dominicano, jamás en beneficio de grupo particulares ni, mucho menos, de agencias o gobiernos extranjeros.

En mi caso particular, quiero completar ese propósito, en vista de que la suplencia representa una designación en la que el potencial de aportes a la sociedad se ve notoriamente reducido, porque las labores están supeditadas a las ausencias de los miembros titulares.

De todas maneras, la experiencia ha sido buena. Pude incrementar considerablemente mis conocimientos en torno a la labor del órgano, establecida por mandato de la Constitución de la República y de las demás normas sobre la materia.

Uno de los grandes desafíos que afronta la República Dominicana consiste en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática, contexto en el cual se incluyen los sistemas electoral y de partidos políticos.

Aún hay mucho que aprender y profundizar en materia de cultura electoral y política, sobre todo ahora que se disponen de nuevas normas, como la Ley 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos; así como 15-19, de Régimen Electoral.

La vocación de servicio para con la Patria y el apego a los principios morales que he exhibido durante mi trayectoria de vida, evidenciada en tres décadas de ejercicio activo del periodismo, son razones suficientes para que los honorables senadores integrantes de la Comisión Especial para la Evaluación de los Candidatos a Miembros de la JCE tenga a bien proponernos al hemiciclo senatorial, que, de seguro votará favorablemente.

En caso de ser escogido, no defraudaré esa confianza del Senado de la República y de la sociedad dominicana, cumpliendo fielmente con el deber correspondiente a esa alta investidura.

La esperanza radica que en la escogencia de los miembros de la JCE se haga en base a la meritocracia, sin discriminación de ningún tipo.