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La mujer dominicana ha sido fiel defensora del derecho humano a la libre expresión

Por Emilia Santos Frias

“Lo más revolucionario que una persona puede hacer es decir siempre en voz alta lo que realmente está ocurriendo”, decía la periodista  Rosa Luxemburgo, recordada hoy por sus aportes al derecho a expresarse, amén de que este lunes conmemoramos el Día Mundial de la Libertad de Expresión, de la Libertad de Prensa, esa, que  solo es posible si vivimos en paz.

Pero el derecho a la paz, que inicia con una sonrisa, como decía la Madre Teresa de Calcuta, quien no necesita presentación, pues todas y todos conocemos su legado, su vida y  su obra, arropa a otros derechos humanos y  fundamentales, intereses colectivos y difusos, en fin, implica el disfrute de todos, implica además, que las necesidades básicas están totalmente garantizadas. No admite desigualdades sociales, porque es libertad, es poder expresarnos…

“Ser libre no es solo deshacerse de las cadenas propias, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás”, aseguró el filántropo y activista Nelson Mandela.

Acostumbro citar a seres humanos extraordinarios, personas que admiro por el legado dejado a quienes habitamos y accionamos para hacer del mundo, un lugar mejor. Hoy, como mujer es preciso mediante estas líneas honrar a mujeres descomunales de la historia, como, entre otras, a la notoria estadista hindú,  Indira Gandhi, defensora de grandes valores, entre ellos, la democracia, la solidaridad entre los pueblos y el feminismo, autora de la frase: ”la mujer para liberarse, debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”.

Hoy luego de conmemorar el Día Internacional del Trabajo y de la persona trabajadora, rememoro acciones de portentosas heroínas dominicanas,  quienes sin descanso, nos legaron las libertades que hoy disfrutamos, entre ellas, aun con carencias, el derecho a la libertad de expresión e información. Busco sus similitudes y diferencias, pero abrazo sus interesantes puntos de convergencia, esos con los que abonaron y plantaron esta hermosa tierra, en la que hoy respiramos libertades.

Lo cierto es que, el trabajo de la mujer dominicana ha sido tesonero para que en nuestro país haya garantía oportuna y efectiva de derechos como, la igualdad y la equidad. La doctora Andrea Evangelina Rodríguez Perozo, primera mujer en graduarse de doctora en medicina en la República Dominicana; Abigaíl Mejía, símbolo del feminismo y fundadora y presidenta del Club Nosotras y la Acción Feminista Dominicana; Mamá Tingó, activista que luchó por la vida del campo y los campesinos; Salomé Ureña, educadora, gran poetisa, considerada la más sobresaliente escritora del país, tienen mucho en común,  más de lo que usted puede creer: sus sacrificios y contribuciones a la salvaguarda de derechos humanos y derechos fundamentales.

Así como, el establecimiento de mecanismos y acciones, para que la población dominicana, rica en etnia y terruño, los disfrute plenamente, entre ellos, la libertad de expresión. Como dijo el defensor de derechos humanos, laureado con el Premio Nobel de la Paz, a Liu Xiaobo, la libertad de expresión es la base de los derechos humanos, la raíz de la naturaleza humana y la madre de la verdad. Estropearla, es insultar los derechos humanos, es reprimir la naturaleza humana y suprimir la verdad.

“Una mujer segura de sí misma se viste de fuerza y dignidad”. Loa a la mujer dominicana, a las y los periodistas de nuestro país y del mundo, que con su pluma y voz, hacen aportes importantes a la garantía de las libertades públicas; de los derechos; a la democracia y al desarrollo social. Gracias, porque como aseguró George Washington, primer presidente de los Estados Unidos: “si nos quitan la libertad de expresión nos quedamos mudos y silenciosos,  y nos pueden guiar como ovejas al matadero”.

Cuánta razón tuvo  el novelista Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de La Mancha, cuando plasmó: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los seres humanos dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”.

 

Hasta una próxima entrega.

 

santosemili@gmail.com

La autora reside en Santo Domingo, Rep. Dom.

Es educadora, periodista, abogada y locutora.