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La otra corrupción

Por Fernando A. De León

  Bien sabemos, que por estar extrañados de nuestra tierra y los afanes de un inmigrante, se nos escapan algunos asuntos de los entresijos de nuestra política vernácula. Pero en lo elemental, estamos conscientes de que hay otro borrón y cuenta nueva.

 

  Nos explicamos, al margen de la purga contra la corrupción del funcionariado de los gobiernos danilistas, hay sectores que se frotan las manos. Es decir, hay una corrupción no oficial que, tradicionalmente, y arreciando a principios de los 90, ha hecho mucho daño a importantes sectores profesionales.

 

  Irónicamente, ese otro tentáculo de corruptela (no sólo los pulpos tienen esta especie de probóscide), está conformado por una parte del empresariado, políticos, periodistas y comunicadores, que siempre se han salido con la suya.

 

  Y colocamos un ejemplo. A menos de un año de gobierno perremeísta se pensionaron 44 periodistas entre los cuales no había ni uno de larga data de los que residimos en Nueva York. Sin embargo se pensionó a directivos del CDP, aun con el sostén de un empleo del Estado.

 

  Insistimos en el tema. Ello fue así, aun cuando en el mismo Palacio Presidencial, como director de prensa, hay un veterano periodista que, se supone, conoce nuestra trayectoria profesional.

 

  La corrupción de marras es tan dañina que genera una inequidad tal, que hay profesionales de bajo perfil apegados a normas deontológicas que, forzosamente, han sido desplazados. Algunos han abandonado el país por la presión, indirecta, de un ejercicio profesional afincado en una suerte de competencia desleal.  Los que pelean limpiamente, no pueden competir.

 

  Y esa incompetencia no se debe a la falta de destreza; cuando hay sobriedad, la verticalidad no cohabita con lo inmoral y perverso. El presidente Luis Abinader podría acabar con la corrupción en la cosa pública; pero no hay la corriente político-ideológica y educacional que conjure esa otra corrupción.

 

  En el entretanto, el mandatario, la cúpula palaciega, y los atisbos populistas, entienden que el país se salvó con sólo judicializar a entes corruptos de los pasados gobiernos peledeístas que encabezó, Danilo Medina.  

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.