Mi Ventana Óptica Por rumbo incierto

Por Alejandro Almánzar   

Los cambios que experimenta la humanidad no son extraños para quienes, como Mercedes Sosa, entienden “Todo Cambia” y resistirse a estos, es pretender que el mundo detenga su girar, algo imposible, porque contraviene la ley de la gravedad.   

Pero si rompemos esquemas, que dan base a la sociedad, entonces justificamos a Demócrates, con “todo estará perdido, cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla, algo que vertiginosamente crece en La República Dominicana.    

Porque somos diferentes y cada época trae su propio modo de vida, no asumo, que las presentes generaciones sean como aquellas que nos tocó vivir. Pero es preocupante saber que, a cambio de cosas materiales para «vivir mejor», se haya perdido la esencia humana, sin entender cómo llegamos hasta aquí.    

¿Cuándo y cómo, comenzó todo? ¿Quién ha fallado, el joven, la familia, el Estado, los líderes políticos y religiosos? En fin, dónde encontramos respuestas a todo esto, para poder definir mejor el propósito perseguido en esta escuela llamada tierra.   

A donde venimos una y mil veces, sin darnos cuenta de cuál es el objetivo principal de nacer y morir una y otra vez. Si nacemos una sola vez e igualmente morimos acumulando aquello que no traemos ni nos llevamos con la partida.  

¿Qué diferencia hay entre morir rico y pobre? ¿Nos ha ayudado la prédica religiosa a formar o a deformarnos espiritualmente? ¿Y los políticos, han dado el mejor ejemplo o sólo se han valido del aparato represivo del Estado para hundirnos en la ignorancia? Miles de interrogantes saldrían a relucir, tratando de encontrarle explicación al derrotero familiar existente. Sobre todo, en estos momentos, cuando una agenda globalizadora persigue instaurar un nuevo orden, invadiendo el libre albedrío de las personas y cimentado en la depravación y perdida de los mas elementales valores de los cuales debe estar provista un ser pensante. ¿Tendremos otra Edad Media? 

La República Dominicana, parece montarse en esta ola, sin mirar las marejadas que exhibe el Océano. El caso Onguito, un exponente de música urbana, que burla las instituciones luego de cometer actos deleznables y del otro lado está Miguel Tejada, el Pelotero de la Patria, que llenó de gloria en sus momentos al país en suelos extranjeros.   

Esposado como el peor delincuente, por un conflicto económico con acreedores. Los dos extremos de Demócrates, el malo victoreado y el bueno humillado. No conozco el fondo del asunto, pero que la autoridad ejecutiva, el Ministerio Público, ni la justicia hagan lo necesario para evitar sea desconsiderado, evidencia que caminamos hacia la destrucción total de todo cuanto pueda elevarnos.   

Es decirles a los jóvenes, que imiten y sigan a un drogadicto y no al deportista consagrado, sin importar se siga renunciando a los pocos valores que quedan en esos hogares. Si es la justicia y el Estado, que sientan tan funestos precedentes, tendremos que conformarnos con darlo todo por perdido.     

La familia, es el eje central de toda sociedad, del fruto que de esta sale, dependen los resultados, pues no en vano los griegos decían “el hombre es el producto del medio ambiente en que se desenvuelve”. Sería erróneo mirar hacia atrás, buscando el eslabón perdido de la cadena, porque detendríamos el crecimiento que nos da cada nacimiento, pero socialmente, marchamos por rumbo incierto, como el corcho que el viento lleva sin destino fijo.  

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