Mi ventana óptica Adictos al poder

Por Alejandro Almánzar

Si la política es la causa del bienestar del Estado según Platón, es posible que políticos nuestros crean ser el Estado mismo, pues estos, en su mayoría sólo piensan en solucionar sus problemas, drenando el presupuesto nacional.

En República Dominicana, esto lleva un peligroso derrotero, donde las riquezas producidas, en lugar de invertirse en educación, salud y el fortalecimiento institucional, terminan en bolsillos de activistas políticos.

Esto es cada vez más una vergüenza, tanto, que pocas personas con valores incursionan en política. Corrompida hasta el tuétano, compuesta por quienes esperan la campaña electoral, cual zafra azucarera para el jornalero buscársela.

Gente despreciable, que se han propuesto formar parte de la repartición que desde Palacio hace el ejecutivo, sobre todo, cuando el mandatario y su entorno se embarcan en la reelección. Y saber, que la población permanece ajena a ese accionar corrupto de hacer política, sin reparar, en el daño infligido a la democracia e institucionalidad. Un comercio electoral, que mientras enriquece a unos cuantos, la mayoría empobrece, por eso, empresarios están abandonando su actividad productiva para dedicarse al negocio político.

Un país pequeñito, con más de 40 partidos y movimientos políticos disputándose el control del Estado. Incluso, grupos formados al vapor, para sumarlos al proyecto reeleccionista de donde salen millonarios. Siempre pregunté, las motivaciones que tuvieron los políticos nuestros para erradicar de las aulas aquello que, aunque instaurado por Trujillo, servía de sustento a la República y su soberanía.

Del dictador, era justo eliminar su maquinaria represiva, no así, iniciativas como la cátedra de civismo y el servicio militar, que lo de obligatorio, en este último, pudo cambiarse “por voluntario”, pero el plan estaba claro.

Romper cualquier patrón de conductas como la ética, la moral y los principios, para estos aparecer de la noche a la mañana con fortunas que jamás podrían justificar, en un juego que han entrado militares y todo aquel que busca la oportunidad de corromperse.

Debió la descomposición haitiana llegar al clímax, para entender eso, unas Fuerzas Armadas desmoralizadas por la corrupción ha dejado evidenciado las causas que movió a los politiqueros del patio a quitar cualquier traba que sirviera de contención a la impunidad, dejando a la patria como «sin dolientes».

Tenía que pasar esto, para que alguien en el Congreso entienda necesario rectificar errores pasados, para que apareciera el diputado Elías Wessin Chávez y otros, proponiendo volvamos por aquello que botamos para dejar a merced de la maldad el legado de Duarte.

Proyecto, que debemos hacerlo nuestro, empoderarnos y dejar la indiferencia ante quienes sólo ven los procesos electorales como el mercado de purga donde van a vestir sus miserias sin importarles el devenir de la sociedad.

Asumirlo, tal garantía de supervivencia como nación. Sus proponentes, deben involucrar al país, caminando provincias y municipios, explicando la magnitud de dicha piza, para sacar a los jóvenes de las drogas, pandillas y la delincuencia, comprometiéndolos a asumir mayor compromiso con la dominicanidad.

En este bullicio electoral, la población votante debe exigir a quienes aspiran a congresistas a mostrar sus agendas legislativas en beneficio del país. No seguir siendo instrumentos de quienes en elecciones buscan el voto para luego alzarse con el santo y la limosna. Dar el voto a aspirantes comprometidos con la causa y usarlo para castigar a oportunistas adictos al poder.

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