Tarea comprometedora

Por Fernando A. De León

 Más que un ente, cada ser humano es un individuo. Es decir, es uno solo; no es la exacta suma de dos o más. No comparte todas las características, físicas y espirituales, con otro de su especie.

 En consecuencia, aunque nuestros hijos, parejas y otros parientes cercanos guarden afinidad, parentescos, pasiones, e intereses con nosotros no necesariamente heredan el talento, actitudes, hábitos, ni conducta cotidiana ni profesional.

 Pero, si se trata periodistas de los que flirtean con el sistema y procuran notoriedad, sus familiares deberían observar comportamientos que no los lesione en lo ético y deontológico. Con más razón, están compelidos a no cometer actos ignominiosos.

 Recientemente, el comunicador Ricardo Nieves, reveló que demandó de un hijo suyo el no aceptar un empleo del gobierno porque él, es su padre. Es decir que, aunque Nieves no es un mercachifle ni corrupto, con la consecución del cargo, sin proponérselo, su hijo, pudo comprometer su reputación profesional.

 Al margen de Nieves, debemos apuntar que todo periodista o comunicador activo de esos que opinan y tratan de aparentar una conducta inmarcesible, deben reparar en que sus hijos y parejas con todo y sus capacidades, cándidamente, no deben vincularse como concupiscentes empleados de los gobiernos de turno.

 Esta posición parecería absurda pero sucede que, en este caso, cualquier empleo en el gobierno con remuneración jugosa no se da fortuitamente ni por casualidad. Indiscutiblemente, resulta obvio que hay un tráfico de influencias, y los que trazan las políticas públicas están conscientes de ello.

  Y no basta con apelar al profesionalismo y al derecho ciudadano.  ¿Por qué precisamente la familia nuclear de un notable periodista o comunicador, debe ser privilegiada por el oficialismo? Con sacrificados periodistas que no son gambusinos, no sucede lo mismo. Es más, a estos sacrificados profesionales se les niega cualquier merecido y justo beneficio.

  Además, se supone que hay otros profesionales al margen del mundo de las comunicaciones, que tienen ese derecho. Aunque resulte chocante, parece que hay la necesidad de legislar o instaurar normas para que los hijos y parejas de “notables” periodistas, solo sean empleados del sector privado.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.